Envejecer en Massachusetts es cada vez más difícil

Los adultos mayores en MA sufren más inseguridad económica que en ningún otro estado, y más del 90 por ciento de los Latinos no pueden cubrir sus necesidades básicas sin ayuda.

Uno de los retos más grandes de envejecer es garantizar la seguridad económica mientras la productividad va disminuyendo progresivamente. Esto parece difìcil de alcanzar en Massachusetts, el estado con el peor pronóstico financiero para los adultos mayores, de acuerdo con un reciente estudio del Instituto de Gerontología de la Universidad de Massachusetts en Boston.

Más de la mitad de los adultos mayores que viven solos en MA y un tercio de los que viven en pareja no tienen dinero suficiente para cubrir sus necesidades básicas (vivienda, transporte, salud y alimentación) por si mismos, según el Índice Estándar de Seguridad Económica para Ancianos de UMass Boston.

Pero las cifras son aún más escandalosas para la población latina: cerca del 91 por ciento de los ancianos hispanos en MA sufren de inseguridad económica. De igual modo, 78 por ciento de asiáticos y 72 por ciento de afroamericanos están por debajo del índice.

“Estas cifras sugieren que las personas mayores pertenecientes a minorías raciales y étnicas experimentan riesgos sustancialmente más altos de inseguridad económica que sus contrapartes blancas no hispanas (60%), un patrón que también es observado para los Estados Unidos en su conjunto”, explicó a El Planeta Nidya Velasco Roldan, investigadora del Centro para la Investigación Social y Demográfica sobre el Envejecimiento de UMass Boston y co autora del informe Living Below The Line: Economic Insecurity and Older Americans.

Y la situación empeora. En 2016, una pareja de arrendatarios mayores de 65 años con buena salud, necesitaba $39,500 al año para cubrir sus gastos en el condado de Suffolk. Este año, esas mismas necesidades básicas subieron a $48,100.

“Massachusetts es uno de los estados donde más se aprecia el incremento de la inseguridad económica año tras año, y mucho de este incremento tiene que ver con los costos de vivienda”, agrega Velasco Roldan. En efecto, la mayor parte de los gastos de las personas mayores de 65 años en Estados Unidos se va en la vivienda, ya sea en la forma de alquiler o hipoteca, según Consumer Expenditure Survey (2018).

Un apartamento de una habitación en Boston cuesta, en promedio, $1,901, según cifras actuales de Departamento federal de Viviendas y Desarrollo Urbano, lo cual la convierte en una de las ciudades más costosas del país.

A pesar de que en Massachusetts existe un programa de viviendas públicas subsidiadas para los adultos mayores, estas a menudo se encuentran en terrenos de alto valor y el tiempo de espera en promedio es de ocho años por una unidad, explica Andrés Del Castillo, organizador comunitario de la organización City Life/Vida Urbana.

Otra lucha importante para población hispana de la tercera edad es la falta de acceso a la información y educación. "Después vienen otras fronteras como el acceso al lenguaje o a la tecnología”, dice del Castillo, lo cual es un impedimento muchas veces para que los inmigrantes accedan a servicios públicos.

Otro gasto importante que incrementa con la edad es el de asistencia médica y medicamentos. De acuerdo con el índice, una pareja con buena salud tiene gastos de $808 relacionados con el cuidado de la salud.

Actualmente, los ancianos que ganan más de $1,000 cada mes no califican para la cobertura de MassHealth Medicaid, que es muy económica y en algunos casos hasta gratuita. Pero quienes superan esta cantidad, son vulnerables a tener una carga económica fuerte para el seguro médico.

Mass Senior Action, en conjunto con Health Care for All y otras organizaciones comunitarias relacionadas con la salud, está haciendo campaña para aumentar el límite de ingresos máximos para las personas mayores que califican para recibir atención médica financiada por el estado de $1,000 a $1,700 por mes. Eso permitiría a decenas de miles de ancianos ahorrar miles de dólares en costos de atención médica. El gobernador Charlie Baker propuso expandir la elegibilidad para la asistencia médica con apoyo estatal en unas 40,000 personas, pero aún no ha ocurrido.

El Índice Estándar de Seguridad Económica para Ancianos fue creado por el Centro para la Investigación Social y Demográfica sobre el Envejecimiento de UMass Boston, y mide los ingresos anuales que los ancianos necesitan en cada condado del país para cubrir sus gastos básicos y vivir de manera independiente en sus hogares. Entre 2016 y 2019, los costos de vida aumentaron en las seis categorías de vivienda utilizadas por el índice.

A pesar de que los ingresos promedio de Massachusetts están por encima del nivel de pobreza que se establece federalmente, la realidad es que esta cantidad no refleja las variaciones que hay geográficamente.

"El índice de pobreza es un valor fijo que se establece a nivel nacional, sin embargo, sabemos que no es lo mismo vivir en Boston o San Francisco que vivir en San Antonio o en Indianápolis, los costos son muy diferentes”, explica Steven Wallace, profesor de la escuela de salud pública de la Universidad de California Los Angeles (UCLA) y director del centro para la investigación del envejecimiento de minorías.

En ciudades donde el costo de vida es tan elevado, el índice de pobreza no es preciso, y muchas personas viven en el abismo o “in the gap”, lo que significa que tienen un ingreso que supera el nivel de pobreza, pero que aún se queda corto para satisfacer sus necesidades, explica Wallace. En este sentido, el índice de seguridad económica para ancianos es más preciso.

¿Qué podemos hacer? Consejos de un experto en finanzas

Antes de los 60 años se recomienda ahorrar la mayor cantidad posible para el retiro. Sin embargo, una vez superamos los 60 años, las estrategias varían. Conversamos con Eric Liriano, consejero financiero certificado en Boston, quien ofreció importantes tips a los adultos mayores para mejorar sus finanzas personales.

1- Estudiar la situación del Seguro Social

La población de ancianos más pobre de Estados Unidos depende entre un 66 y un 77 por ciento del aporte del seguro social. “Es importante evaluar bien su situación del seguro social, porque lo ideal es esperar la mayor cantidad de tiempo posible antes de comenzar a recibirlo para no minar sus opciones antes de tiempo, pero no siempre es posible”, explica. “Normalmente se recomienda reclamar la pensión después de los 66 años, pero ha que evaluar caso por caso, si la persona en cuestión tiene otros ahorros o planes de retiro, si vive sola o en pareja, o si hay algunas otras entradas de dinero o ayudas para las que califique, que permitan retrasar el aporte del seguro social”.

2- Reducir gastos

Es buena idea identificar cuáles son sus principales gastos durante los años dorados, y evaluar cuáles de ellos se pueden reducir: por ejemplo, puede ser que usted ya no necesite un carro y sea buena idea venderlo, o pueda mudarse a un espacio más pequeño, o vivir con algún familiar, o incluso alquilar alguna habitación de su casa que esté disponible. “Algunos inmigrantes eligen retirarse en sus países de origen, pero esto a veces no es posible”.

3- Informarse bien sobre sus beneficios de salud.

Solicite una cobertura de Medicare, y cubra el “gap” (o monto que queda sin cubrir) con alguno de los planes accesibles que se ofrece a través del Health Connector (recuerde que en Massachusetts puede solicitar un seguro médico en el marketplace hasta el 23 de enero). Para obtener asesoramiento gratuito sobre su elegibilidad y las mejores opciones de seguro, comuníquese con el programa estatal SHINE.

4- No tomar muchos riesgos

Si usted tiene un plan de retiro o algún tipo de ahorros, es buena idea posicionar esas inversiones en un lugar donde no tengan mucho riesgo, porque ya no hay tiempo para recuperar pérdidas en caso de que haya un colapso del mercado o una caída de la bolsa de valores. En cambio, deje su dinero en una cuenta de ahorros convencional, protegida po Federal Deposit Insurance Corporation.

Este artículo fue escrito gracias a una beca de la Sociedad Americana de Gerontología, Journalists Network on Generations y Silver Century Foundation