Opinión | Oh! ¿Y ahora quién podrá defendernos?

Para nadie es un secreto que tanto administraciones demócratas como republicanas en los Estados Unidos han tenido como política de estado la deportación no solo de criminales o personas con antecedent

Para nadie es un secreto que tanto administraciones demócratas como republicanas en los Estados Unidos han tenido como política de estado la deportación no solo de criminales o personas con antecedentes penales, sino de inocentes. Obama fue llamado el “deportador en jefe” y Donald Trump, pues… ni hablar. Ya de su incendiario discurso y acciones contra los inmigrantes tenemos un largo centimetraje.

Escuchar comúnmente que muchos latinos cruzan la frontera sur del país bajo condiciones riesgosas huyendo de la violencia o precarias condiciones de vida en sus naciones de origen, se ha vuelto parte del día a día cuando se revisan las noticias en las redes sociales y medios de comunicación. Sin embargo, de acuerdo al Pew Research Center la llegada de población indocumentada en 2017, aunque se redujo en comparación con una década atrás, estaba liderada por grupos de "otros países” en primer lugar, por encima del Sudeste Asiático y Asia Oriental, seguido por México y finalmente Centroamérica (El Salvador, Guatemala y Honduras).

Esto llama la atención, pues en 2007 los mexicanos ocupaban el primer lugar. “La disminución de los nacidos en México fue el factor principal que redujo la población general de inmigrantes no autorizados en los EE.UU., que en 2017 fue 1.7 millones por debajo de su pico máximo de 12.2 millones en 2007”, publica la organización.

Ahora bien, un factor que también debe analizarse son esos “otros países”. Hay que preguntarse ¿están incluidos en ese grupo los venezolanos? Al menos en cuanto a llegadas a través de la frontera sur para solicitar asilo, sí hay una diferencia: Existe presencia de estos suramericanos, que huyen de la mayor crisis humanitaria del hemisferio en su país de origen, bajo la déspota dictadura del socialista Nicolás Maduro. Al menos así lo evidencian diversos testimonios, tal como el que tuve la oportunidad de recopilar de parte de Ehisler Vásquez y en el que me fundamenté para publicar en este medio la semana pasada un especial sobre su travesía desde un refugio en Reynosa, donde tuvo que esperar en condiciones precarias unos 45 días, pasando por su admisión a territorio estadounidense y procesamiento por las autoridades, hasta su estadía en un centro de detención cercano a Dallas, Texas, por alrededor de 90 días más.

Es una realidad que el mismo Vásquez pudo documentar, pues asegura haber asumido un liderazgo para alzar la voz por el resto de los afectados mientras que estuvo en México. Allí se encontró con personas de 22 nacionalidades, según su propio conteo. “Su estimación apunta a que solo en ese establecimiento el 50% eran cubanos, un 25% venezolanos y el resto entre mexicanos y centroamericanos. En total entre 450 y 500 personas incluidas las que dormían fuera del lugar, todas con un mismo objetivo, cruzar la frontera y pisar suelo americano”.

El joven activista pro DDHH en su país de origen cruzó por el canal regular e inició un proceso de solicitud de asilo con las pruebas de la agresión que había sufrido en Venezuela por parte de las fuerzas de seguridad del régimen de Maduro, pues durante una protesta en 2013 luego de conocerse los resultados en los que ganó el actual dictador de forma fraudulenta, cinco perdigones desfiguraron parte de su rostro en su natal Barquisimeto, estado Lara. Sin embargo, aunque salió con un “parole”, su caso sigue en procesamiento y busca la manera de conseguir los recursos para costear abogados que lo ayuden a él, su mamá y abuela, quienes lo acompañaron en su travesía.

Hasta ahora no hay cifras oficiales de la cantidad venezolanos que deciden entrar por tierra al país, pero es una alarma que debe encenderse, ya que el hecho de que una cuarta parte de un refugio en México esté constituida por ellos, habla del inicio de un nuevo patrón de migración, que hasta ahora estaba centrado principalmente en la movilización entre las fronteras de los países de América del Sur (por su cercanía), pero que en los últimos años ha empezado a cambiar. Para muestra un botón: los originarios de Venezuela tienen 2017 y 2018 ocupando el primer lugar en solicitudes de asilo, según el Servicio de Inmigración y Ciudadanía de EEUU (USCIS, por sus siglas en inglés).

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estiman que los desplazados por la dictadura llegaron a cuatro millones el año pasado, cifra que se espera aumente para el cierre del presente.

¿Qué tiene pensado hacer el gobierno de Donald Trump al respecto? Públicamente su administración ha dicho que no está deportando venezolanos, ¿Es esto cierto? ¿Cumplirán con esta promesa? ¿Qué solución migratoria habrá si los republicanos se opusieron al TPS?¿Qué puede hacer la misión diplomática de Juan Guaidó en Washington DC para meter la mano por sus hermanos en la frontera sur? Bajo tantas incógnitas y pocas respuestas, como venezolano, me queda recordar la célebre frase del Chapulín Colorado: “¡Oh! ¿Y ahora quién podrá defendernos?”