Juan Soto, el héroe dominicano que no cree en la maldición del segundo año

El patrullero de los Nacionales se convirtió en figura protagónica de su equipo en el inicio de los playoffs y nuevamente envió un mensaje fuerte y claro sobre su peligrosa precocidad

Juan Soto tiene 20 años de nacido y nunca había aparecido en un juego de postemporada en las Grandes Ligas. Vaya, que a esa edad casi nadie está en las Mayores, no digamos ya protagonizando en el medio de un lineup. Pero este martes, en el Nationals Park, envió un mensaje claro y fuerte a todos los que todavía no saben de su talento: mejor cuídense de su peligrosa precocidad.

La joven sensación de República Dominicana no cree en la maldición del segundo año. En un deporte lleno de cábalas y supersticiones, vivió una temporada mejor incluso que la de 2018, cuando hizo su debut en la MLB. Y Washington celebra que haya trasladado a octubre su fiesta.

El tablazo con que sentenció la victoria de los Nacionales sobre los Cerveceros en el duelo entre los comodines de la Liga Nacional distó mucho de ser el más largo o el más fuerte que ha largado en sus dos torneos arriba. Después de todo, suma ya 56 jonrones en la gran carpa, muchos de ellos kilométricos. Pero los Nats no requerían un cuadrangular. Les bastaba con menos, aunque necesitaban más: pedían un héroe que pudiera definir un duelo casi perdido frente a uno de los cerradores más intimidantes del beisbol.

Soto fue a batear con las bases llenas y dos outs en la parte baja del octavo inning. Tres strikes más y Milwaukee se pondría a un suspiro de avanzar a la Serie Divisional. Todo era tensión, como parte de un guión que fue escrito para que el muchacho demostrara por qué hace rato usa pantalones largos.

Otro latino, el cubano Yasmani Grandal, tenía arriba a los visitantes 3 carreras por 1, después de sonarle un vuelacercas con uno a bordo a Max Scherzer, el as de los capitalinos, a quien Marcus Thames también se la sacó. Josh Hader estaba en la lomita. Es un relevista zurdo, como el quisqueyano, y especialmente incómodo frente a los rivales de su mano. Durante el torneo recién concluido ponchó a casi 17 hombres por cada nueve entradas lanzadas. Es un tirano.

Soto también. En sus dos campeonatos arriba tiene un OPS de .937 y su OPS ajustado dice que es 40 por cierto superior a la media de sus colegas. Los Nacionales necesitaban en un turno así al veterano Anthony Rendón, que en efecto fue a batear y recibió la base por bolas, o al mozo de Santo Domingo, que llegó a continuación. Y allí se resolvió el duelo.

Stephen Strasburg fue figura con su relevo en blanco de tres actos, en auxilio de Schezer. Michael Taylor tomó un pelotazo crucial en ese octavo pasaje, y Jordan Zimmerman dejó caer una bala fría detrás del cuadro, y Rendón logró las cuatro malas, alargando la vida de su equipo. Todo eso hacía falta, es verdad. Pero también faltaba el linietazo al right que vino de inmediato y que para colmo perdió Trent Grisham, para que los tres corredores llegaran al home.

Ya Soto había demostrado que estaba hecho para triunfar en las Grandes Ligas. Le faltaba demostrarlo en los playoffs.