Trump recurre al libreto de 2016 para atacar al migrante y regar falsedades

WASHINGTON, DC - ¿Qué es peor? ¿Que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recurra a la demagogia, el miedo, las falsedades, el prejuicio, el racismo, la guerra cultural como estrategia de campaña, o que un sector le crea dichas falsedades, le aplauda la demagogia y se sienta con carta blanca para manifestar sin empachos su propio prejuicio y racismo?

Trump me recuerda a esos demagogos que se venden como emisarios directos de Dios o como profetas, que poco a poco van engatusando a quienes los siguen ciegamente, a veces hasta las más nefastas consecuencias. Algo así como un culto, y en este caso un culto a una peligrosa ignorancia que se alimenta de un abierto racismo. Aquí se acabaron las máscaras, aquí no hay disimulo.

Trump incluso dijo esta semana que es “nacionalista”, como si no supiera que en este país ese término se vincula con los llamados “nacionalistas blancos”. También dijo que en la caravana de migrantes centroamericanos vienen “personas de Medio Oriente”, implicando, claro está, que son “terroristas” porque para Trump todas las personas de Medio Oriente son “terroristas”, excepto si son de la realeza saudí, que ordena el macabro asesinato de un periodista en Turquía, pero compra armamento a Estados Unidos. Esos son sus aliados. Y, por cierto, es falso que los saudíes hayan acordado la compra de 110 mil millones de dólares en armas, como tampoco es cierto que esto generaría un millón de empleos en Estados Unidos, como dice Trump.

También indicó que quizá son los demócratas los que están detrás de la organización de la caravana, mientras el vicepresidente Mike Pence señaló, por su parte, que el presidente de Honduras le indicó que la caravana fue organizada por grupos izquierdistas financiados por Venezuela.

A menos de dos semanas de las elecciones intermedias, Trump ha echado mano de la caravana de migrantes centroamericanos para desempolvar el mismo libreto de 2016 y recurrir a su retórica incendiaria para sacar a su base a las urnas.

En 2016 los mexicanos eran “violadores” y “asesinos”, y en 2018 los migrantes centroamericanos son, según Trump, “financiados” por demócratas y por el magnate y filántropo George Soros. Esos demócratas, dice, son responsables de la “crisis” en la frontera porque no han querido impulsar cambios a las leyes migratorias, cuando son los republicanos los que controlan la Casa Blanca y las dos cámaras del Congreso, y no han querido negociar una reforma migratoria porque Trump todo lo supedita al financiamiento de su muro. Y porque a los republicanos les conviene que no haya reforma, para seguir explotando el tema migratorio sembrando miedo e histeria y promoviendo la falsa idea de que la frontera con México está fuera de control y vamos a ser invadidos de un momento a otro.

Eso es tan falso como los “disturbios” que según Trump se están dando en California por quienes quieren abandonar las “ciudades santuario”.

La lista de mentiras es extensa. Trump habla de “rumores” que no existen y que son creados e improvisados por él mismo, pero lo peor es que su base los da por ciertos.