OPINIÓN: Cómo no luchar contra la desigualdad de ingresos

Por qué bajar los salarios a los altos funcionarios mexicanos es un grave error que traerá consecuencias peligrosas para México

Supongamos que dos personas tienen opiniones diferentes acerca de una cuestión de política. ¿Es posible decir que una tiene razón y la otra no, o simplemente tienen distintas preferencias? Después de todo, ¿cual es la diferencia entre una preferencia extraña y un error?

Una preferencia influye sobre una decisión que se espera consiga el objetivo que busca la persona que decide. Un error es una decisión que se basa en una creencia equivocada con respecto a la forma en que funciona el mundo, de modo que el resultado no es lo que esperaba quien tomó la decisión. Desgraciadamente, esta manera de aprender puede resultar muy cara. Además, puede que no sea concluyente, dado que siempre es posible atribuir las malas consecuencias del error a otros factores.

Ejemplo de lo anterior es la decisión tomada por el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), de reducir los sueldos de los escalafones más altos de la administración pública, incluido él mismo, imponiendo un tope de US$5.707 mensuales. Esta decisión, anunciada en julio, fue acogida con gran satisfacción por mucha gente, puesto que demostraba el compromiso de AMLO con la austeridad fiscal y la igualdad de ingresos.

No obstante, lo que parece ser una preferencia bien formulada pasará a ser un grave error. Desgraciadamente, AMLO no se va a dar cuenta de esto hasta pasados varios años, y para entonces el daño sufrido por México será enorme.

Interferir con los precios del mercado para lograr equidad –idea que se remonta a Santo Tomás de Aquino e incluso Aristóteles –probablemente es una de las peores políticas económicas de la historia. Los gobiernos de muchos países suelen fijar precios, en especial los de la energía eléctrica, el tipo de cambio, o los créditos, en montos artificialmente bajos, lo que, de forma predecible, conduce a un bajo nivel de inversiones y a escaseces. Venezuela es un caso extremo que dramatiza las consecuencias de esto. ¿Serán las remuneraciones del sector público otro ejemplo de esta práctica?

La respuesta es más matizada. En general, los gobiernos pagan a sus empleados significativamente más, en promedio, que el sector empresarial privado, porque servicios gubernamentales como educación, cuidado de la salud, justicia y administración, suelen exigir una formación más alta. En consecuencia, los empleados públicos tienen niveles de escolaridad bastante superiores –cuatro años más, en promedio, en México–. Pero, incluso si se controla esto, un estudio realizado por el Banco de Desarrollo de América Latina CAF muestra que en esta región los salarios medios son más altos en el sector público. En México, en 2012, la remuneración de los empleados gubernamentales era el13,5% más alta que la del sector privado.

El mismo estudio también muestra que los salarios del sector público son significativamente menos desiguales que en el sector privado. Esto significa que si bien el sector público paga más que el privado en la mediana, la situación se revierte en el nivel superior de la escala salarial. Este no era el caso en México, donde la prima del sector público cayó a cero, pero no llegó a ser negativa. Ahora, AMLO desea unirse al resto del continente.