Ahora Trump ha decidido ir tras sus propios ciudadanos

Este artículo fue publicado originalmente en Univisión Noticias: Ahora Trump ha decidido ir tras sus propios ciudadanos

Cuando emigré de Guadalajara llegué a Estados Unidos con la esperanza de cumplir mi sueño americano. En aquel entonces, el país al que llamábamos “el otro lado” era una “ciudad dorada” a la que miles de mexicanos aspirábamos llegar. Era el país acogedor que le extendía los brazos a quienes, según las palabras que Emma Lazarus escribió en 1883, y que aún nos hablan desde la Estatua de la Libertad: “buscaban respirar con libertad”. A más de una década de vivir permanentemente en este país, he visto como la inclusión y la diversidad han sido reemplazadas por el odio y la persecución. Esta metamorfosis retrógrada es el resultado de un plan táctico orquestado por la administración de Donald Trump y que está enraizado en la ideología de la supremacía blanca. El plan tiene como fin limitar la inmigración de países con poblaciones de color, como México, los países de Centro América, el Caribe y África. Su más reciente plan es ir tras sus propios ciudadanos, inmigrantes como yo que llevamos décadas viviendo en este país, al que hemos contribuido con nuestro trabajo y esfuerzo.

El plan de incrementar la desnaturalización es la punta de una navaja que llevan dos años afilando, y con la que Trump y sus asesores buscan cortar de una vez por todas la diversidad étnica que ha sido la base sólida de la energía cultural que ha hecho de Estados Unidos una potencia mundial.

Los inicios del plan datan del 16 de junio de 2015. Ese día Trump anunció su campaña presidencial llamando a los mexicanos ladrones, violadores y criminales. Con estas palabras comenzó la primera fase del plan, la táctica de deshumanización de los inmigrantes y las personas de color, como yo y como millones, y de personas que provienen de países que, según Trump, son países de “mierda”. En sus discursos, Trump ha dicho que los demócratas quieren “infestar” al país con inmigrantes, como si fuéramos ratas o insectos. También nos llamó animales, y ha dicho que los miembros de pandillas de origen latino no son personas, comentarios que fácilmente pueden referirse a todos los individuos de origen latino, aunque no sean un peligro para el país. Recientemente, el Departamento de Justicia ordenó a sus portavoces usar la palabra “ilegal” para referirse a las personas que ingresaron al país sin documentos. Lo más peligroso es que Trump y sus allegados no dicen estas palabras solamente una vez; las repiten una y otra vez con el fin de convencer a sus seguidores de que estas palabras son verdad.

Luego de establecer esta fase, continúa la segunda, que es la fase de la implementación de políticas o reglas diseñadas para físicamente prohibir la entrada o deportar a las personas que la administración ha satanizado. Las palabras son hechas realidad, con políticas como el bloqueo a los musulmanes, el cual prohíbe o restringe la entrada a Estados Unidos a ciudadanos de cinco países de mayoría musulmana, y a ciertos ciudadanos de Corea del Norte y Venezuela. También ha revocado el status de protección temporal a cientos de miles de haitianos, salvadoreños y hondureños, quienes llevan décadas viviendo en este país como refugiados, y cuentan con raíces profundas en sus comunidades. Luego insiste en mantener a miles de DREAMers como rehenes a cambio de la construcción del muro entre México y Estados Unidos, y como si fuera poco, el Departamento de Justicia implementó una de las políticas más crueles que hemos visto en las ultimas décadas, la política de cero tolerancia. Esta política fue diseñada para separar a miles de familias que buscaban asilo o que simplemente cruzaban la frontera para buscar una mejor vida. A consecuencia de esta política, miles de niñas y niños fueron separados de sus padres y puestos en jaulas como si fueran… animales. La administración Trump ha mostrado que utilizará la deshumanización para justificar el empleo de estas políticas xenófobas y racistas, y aún no ha terminado.

Y es que ahora la administración Trump ha decidido ir tras sus propios ciudadanos. Mientras que el proceso de la desnaturalización es parte de las normas del Servicio de Ciudadanía e Inmigración (aunque es generalmente reservado para casos extremos), varios reportes indican que los casos de desnaturalización se van a incrementar. USCIS ha abierto una oficina nueva para procesar estos casos y ICE pidió fondos para contratar a más de 300 agentes con el fin de incrementar el numero de investigaciones. Si la administración Trump sigue el mismo patrón de sus políticas de inmigración, podemos garantizar que el blanco de estas investigaciones van a ser ciudadanos de origen latino, de origen africano y de países del Medio Oriente en donde Trump no tiene intereses de negocio. Esta administración ha llegado a un nuevo nivel de bajeza, ya que con el simple hecho de anunciar esta medida pone en peligro el bienestar de miles de familias y las obliga a vivir con el temor y con la angustia de que pueden llegar a ser deportados o que les arrebaten a sus familiares.

Al igual que millones de ciudadanos estadounidenses naturalizados, mis raíces en este país son profundas. Tengo un trabajo que me permite ayudar a la comunidad latina, he tenido el privilegio de trabajar en una campaña presidencial y para el Senado de los Estados Unidos, y tengo a mi familia y amigos aquí, incluso una hija pequeña que nació en este país. Es este lazo paternal y el deseo de vivir en el mismo país que me dio la bienvenida hace más de una década lo que me impulsa a decir las tres palabras que van a ayudar a este país a salir de esta etapa obscura de nuestro país: no te rindas. La retórica anti-inmigrante y las leyes nacidas del racismo y bautizadas por la deshumanización que hemos visto en acción bajo la administración Trump tienen un punto débil: el voto. Si la comunidad latina sale a votar en las elecciones de medio término en noviembre y vota por candidatos y candidatas que apoyen a nuestra comunidad y a todas las comunidades que han sido atacadas por Trump, lograremos un gran cambio. No es tiempo de sentir miedo y desilusión por el sistema político. Por el contrario: es tiempo de ser fuertes y de participar en el proceso cívico de este país